En una reciente conversación, una colega me explicaba la angustia de su empresa ante el silencio de un inversor que se había comprometido a implicarse en un importante proyecto y del que llevaban semanas sin tener noticia alguna.
La interpretación del silencio o de los silencios, es una experiencia cotidiana en la vida, y desde luego en la empresa. A veces se entra en una paranoia injustificada cuando se demora una respuesta esperada, sin ser conscientes de que para el cliente eres "uno más", y estás al final de una larga lista de tareas.Otras veces sin embargo... la intuición o ese mal feeling se impone& y termina por darte la razón: cuando no hay noticias, siempre son malas noticias.
Ese silencio que significa NO, denota además del fracaso, el desprecio del otro, mala educación, cobardía, en fín efectos colaterales poco estimulantes. Creo que afortunadamente esta segunda modalidad de silencios es menos frecuente, pero su impacto suele ser tan potente, que su recuerdo permanece siempre como una sombra.
Transcribo parte de una ponencia sobre el valor etimológico del silencio, "pescada" en la red de redes y que pertenece a Jose Luis Ramírez