Rentabilidad vs competitividad de las empresas II
En la editorial anterior decíamos que para hablar de rentabilidad y competitividad en las empresas antes había que situarlas en los destinos en que estaban inscritas, pues salvo excepciones, no cabía la posibilidad de hacer rentable una empresa turística si el espacio turístico del que formaba parte estaba en crisis, o en época de madurez avanzada. O lo que es lo mismo, el devenir de las empresas turísticas está encadenado al de sus destinos. Y siempre ha sido así, independientemente de que en épocas anteriores no hubiera una consciencia clara de este hecho, como sucedió hasta mediados de los años 90 en España.
En los últimos diez años en España, prácticamente todos los destinos, de interior y de costa, han crecido y madurado, y muy pocos han sido capaces de evolucionar con el objeto de diferenciarse. Esta fue una de las pretensiones del Plan 2020, pero inmediatamente después de nacer llegó la brutal recesión en que nos hallamos inmersos, y casi sin haber nacido quedó viejo. Pues las medidas propuestas en él se correspondían con una etapa que ya no existía; lo cual pone a los destinos y a las empresas en una situación delicadísima, ya que no hay ninguna estrategia válida para estos años inciertos.
Ahora bien, una vez señalado este hecho, las empresas deben ponerse manos a la obra para sobrevivir, ya que no pueden esperar a que los destinos sean capaces de arreglar su situación. Por lo que una tarea inmediata va a consistir en discurrir sobre las posibilidades de las empresas en relación consigo mismas, en los momentos actuales y en un futuro inmediato.
Empresas que no son de este mundo.
En este sentido hay que partir de un hecho: se hicieron unas empresas para un contexto y ese contexto ya no existe, y es entonces cuando aparece la primera idea sobre la que pensar en estas circunstancias ¿En esta nueva situación son rentables las empresas? No ya competitivas, sino ¿Son rentables? Porque la idea de la competitividad pertenece al mundo en el cual la economía marchaba viento en popa. Se daba por hecho que si una empresa era competitiva ya era rentable, y estos conceptos no tienen nada que ver, ni tan siquiera son sinónimos. El concepto de “competitividad” tiene que ver con una economía que pasaba por un mundo absolutamente boyante, o que aparentaba estar en el mejor de los mundos, aunque la realidad fuera otra, como sucedió con la explosión de las punto.com en el final de siglo, y como ha sucedido a la largo de la pasada década con el conjunto de la economía, ya que un mercado crediticio absolutamente descontrolado, y no sólo en el mundo inmobiliario, sino en todos los sectores económicos, ha hecho creer a muchos empresarios que su empresa era rentable, porque el grifo abierto del crédito lo permitía, pero cuando éste se ha cerrado, y el consumo se ha debilitado, han comprobado que podían ser competitivas, pero que desde luego habían dejado de ser rentables. Y han comenzado a culpar a la falta de crédito, en lugar de a su falta de rentabilidad .
Muchos, los que han podido, han seguido con esa misma política de profundizar en la obtención de créditos como solución a sus problemas de rentabilidad. O han tenido que vender sus activos a precios bajos. Y lo han hecho, salvo excepciones, para reestructurar la empresa en función de la rentabilidad. Porque aquellos que lo hayan hecho simplemente como inyección económica van a encontrarse con el mismo problema que arrastraban con el añadido de los nuevos fondos invertidos. Porque el problema está ahora mismo en qué es y en qué no es rentable.
La rentabilidad empresarial en tiempos de recesión.
Por lo que antes que nada hay que comenzar a definir el concepto de rentabilidad empresarial. En primer lugar hay que tener en cuenta que así como la idea de “competitividad” se corresponde a la vieja etapa, la de “rentabilidad” se corresponde con la actual, un momento de recesión, de importante caída del consumo y del crédito, o lo que es lo mismo, a momentos en que para sobrevivir, no ya para obtener beneficios, es preciso tener muy controlados gastos, facturación, etc.
Una vez señalado esto, hay que decir que una empresa es rentable, cuando el desarrollo de la tarea para la que ha sido creada, produce los fondos suficientes como para cubrir los gastos que genera el desarrollo de la misma; más los medios económicos necesarios para invertir en el futuro de la empresa. En la situación de crisis actual, y teniendo en cuenta de dónde venimos, para reestructurar una empresa y hacerla rentable, se pueden reducir los gastos; disminuyendo beneficios o salarios, u otro tipo de gastos, (esto se puede hacer siempre hasta un límite, a partir del cual la empresa desaparecerá). Pero casi desde el principio, si los resultados de la empresa no permiten obtener medios suficientes para invertir en su futuro, ésta se desvanecerá rápidamente y sin remedio. De lo cual se deduce que este segundo aspecto de la variable es capital.
Pero esto que resulta tan aparentemente fácil de hacer, no lo es tanto. Implica cambios importantes en la concepción del universo empresarial en dos direcciones: el primero el ya señalado respecto a la rentabilidad y competitividad. Y el segundo, al fin último de la empresa, que no es el de obtener beneficios, sino el de cumplir con la tarea para lo que fue creada. Los beneficios serán, y valga la redundancia, un beneficio añadido. La confusión creada a este respecto, trae como consecuencia que existan muchas dificultades para reestructurar las relaciones de producción dentro de las empresas, y por ende, para hacer frente a uno de los problemas claves a los que hay que enfrentarse para dar el paso de la economía de servicios o industria a la economía del conocimiento.

