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MAN ON WIRE

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Ana
Lun, 20/04/2009 - 08:14

Cuando vi, que este documental ganador de oscar, necesitaba noventa y siete minutos para contar la hazaña de un equilibrista que cruzó las torres gemelas sobre un alambre, pensé… ¿se necesita hora y pico para contar eso?. Cuando te introduces en este maravilloso relato, comprendes que en realidad la hazaña, esta rodeada de tal cantidad de acontecimientos, que el tiempo se aprovecha de manera trepidante para dar cabida a tantas emociones.

Asi, la peli nos habla de cómo se gesta la locura, en la cabeza de un joven funambulista, que encuentra en este desafío, un gesto ante todo poético, bello, inmenso, lleno de vida (rozando la muerte). Un líder capaz de sumar a su sueño a otros “creyentes” y arrastrarlos a la aventura de sus vidas.

Nos muestra la logística para preparar el abordaje a las Torres, sortear la vigilancia, tender el cable, superar múltiples contratiempos, un relato de aventuras cargado de tensión.
Presenta al equipo que acompaña al héroe, y que dibuja como en tantas odiseas humanas, la multiplicidad de sentimientos y reacciones que rodean algo así: la entrega, el desencanto, el miedo, la cobardía, la lealtad, el amor.

Resultan verdaderamente emocionantes, los recuerdos vibrantes, que perviven en la memoria de sus protagonistas, transmitiendo esa experiencia irrepetible en sus vidas, y que les marcó para siempre.

El acto en sí, es una auténtica pasada, un verdadero poema visual, con esa figura negra caminando sobre un alambre, a 400 metros de altitud, recreándose en el abismo, disfrutando cada minuto de esa locura.
Y después…el sueño alcanzado, la plegaria atendida, el final del camino y con ello, la razón de ser aquel grupo de amigos.

El documental participa de esa belleza, de esa emoción ante el abismo, la subraya en su tratamiento estético y la acompaña de una música que ayuda a sentir cada minuto de esta peculiar historia. Gozosa y diferente.