Es la primera crisis económica que vivo de manera plenamente consciente, y aunque había oído hablar de las consecuencias que tuvieron la crisis del petróleo y demás, nunca había visto una crisis reflejada en nombres de empresas conocidas, caras de trabajadores cercanos, comerciantes del barrio… Y la verdad es que acojona. Lo siento, no hay otra palabra. Excepto para el paraíso funcionarial, es inevitable sentirse vulnerable, pensar que otros que parecían más fuertes e imbatibles están en suspensión de pagos…