El turismo español, como espacio de negocio que cubre una necesidad primaria de disfrute, debe desarrollar al máximo su capacidad de conocer dónde se encuentran las decisiones de consumo de alto valor emocional, para dar el salto cualitativo al turismo experiencial.
Toda la cadena de valor turístico nos hemos embarcado en una carrera frenética por vender “experiencias” y no “productos”. Sabemos cuál es el principio y el fin, pero hasta ahora no conocíamos la hoja de ruta para ejecutar el cambio hacia el producto experiencial ni qué herramientas de conocimiento utilizar.