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CRISIS ECONÓMICA, DÉFICIT Y FUTURO

Qué hacer en unos momentos como los actuales, donde hay una pérdida absoluta de visión respecto a la salida económica que nos conviene, y todo se centra en cómo hacer frente a un déficit que se ha escapado de las manos, prácticamente al conjunto del país: familias, administraciones públicas y empresas.

Pero el problema principal, con ser muy grave el del déficit, es que éste se ha convertido en el árbol que nos impide ver el bosque, que nos impide ver cuál podría ser la salida a la crisis económica, y como consecuencia nos impide hacer frente al mismo déficit, pues una vez éste se ha disparado de la forma que lo ha hecho, tanto en la administración como en las empresas, lo cierto es que sólo se puede devolver a unos límites aceptables, si, por supuesto, se reducen los gastos, pero tan importante como eso es que haya ingresos económicos lo bastante importantes como para ir haciendo frente a los gastos normales más los acumulados a causa del déficit.

Si ese trabajo no existe, nunca se podrá superar el déficit ya existente, (lo que le ha sucedido a Grecia) y ese trabajo no existe, para qué vamos a engañarnos, ese es el gran inconveniente que tenemos, que no hay trabajo. En la lucha contra el déficit se ha dejado de lado todo aquello que tenga que ver con inversión y la consecuencia es que no hay trabajo, y por tanto no hay la posibilidad de acabar con el maldito déficit y lo que es peor, no hay futuro. La pescadilla que se muerde la cola.

Esa es la realidad actual. La cuestión es que no podemos conformarnos con ella, o las consecuencias negativas durarán más de una generación. Ahora bien, por dónde empezar, quien crea que el FMI, o Europa o los mercados van a solucionar nuestros problemas, está completamente equivocado, (de nuevo Grecia es un ejemplo claro). Ellos son arte y parte de la situación actual, y no se puede esperar nada especialmente inteligente de su intervención. Su obsesión por el déficit, que es comprensible en los mercados, pues ellos no tienen una cabeza pensante, es una degeneración ideológica, tanto en el FMI como en Europa, más en los primeros que en los segundos, puesto que estos pueden tener intereses propios para evitarse competidores, (si bien no creo que este sea la razón principal, y si lo es, van a pagar cara su codicia).

Pero en fin, ese es otro tema. El que nos ocupa aquí es qué hacemos nosotros, hacia donde dirigimos nuestros esfuerzos en la situación actual: desde luego hay que reducir los gastos, y hay que establecer el plan adecuado para hacer frente al déficit, producido en la mayoría de las ocasiones a causa de la crisis y de la falta de trabajo de los últimos años, (aquellas empresas que ya partieran con un déficit importante cuando ésta llegó, ya hace tiempo que desaparecieron), y en el caso de la administración, como consecuencia de la falta de trabajo de las empresas.

Ahora bien ¿Cómo afrontar el futuro, hacia donde encaminar los esfuerzos, que van a tener que ser muchos y muy grandes, y lo que es peor, sin compensaciones claras durante mucho tiempo, y como consecuencia, por tanto, con la pérdida del ánimo que esa falta compensaciones conlleva, sobre todo acostumbrados como estamos a la recompensa rápida y generosa de los años anteriores a la crisis?

Hay que empezar por volver a plantearse las cosas, la obsesión por el déficit nos ha dejado sin capacidad para mirar, y parece que ya no quede nada del pasado reciente: economía del conocimiento, economía sostenible… Dónde han quedado, parece como si estos conceptos pertenecieran a un pasado remoto, y no es así, son recientes y eran valiosos, y lo que es más importante, no hay otra salida que la profundización en esos conceptos u en otros parecidos, pues no cabe la posibilidad de la vuelta atrás, a la época de la competitividad industrial, ni para el turismo español, ni para España en su conjunto, ni para Europa, ya no es posible competir en ese campo con los países emergentes, o se construye una nueva economía relacionada con los sectores señalados (u otros similares) o no hay salida.

Y aunque es difícil volver a creer en ellos a consecuencia de la crisis; aunque en los 90 algunos creyeron que gracias a ellos se superarían todas las crisis. Lo cierto es que con ellos en la cresta de la ola se ha provocado la más grave en muchas décadas, y además ni tan siquiera hemos llegado a saber cómo funcionan, pero es que no hay otra solución, ya se hundieron los barcos, no hay vuelta atrás.

Por lo que hay que empezar de nuevo, comenzando por reconocer que para afrontar el déficit, hay que invertir en el futuro, y hay que hacerlo retomándolo donde se dejó. Y en lo que respecta a turismo hay que invertir en Investigación y Desarrollo, (lo cual implica el uso de las concepciones más novedosas en I+D, y que no son precisamente, o únicamente, las relacionadas con la tecnología) y en innovación; lo que está claro es que si en España no se hace uso del turismo para convertirlo en punta de lanza de los nuevos sectores económicos, (se les llame como se les llame) España no podrá salir del estancamiento. Desgraciadamente la inercia de las viejas fórmulas de trabajo, y el miedo actual, y todavía, en algunas administraciones, una incomprensible soberbia a estas alturas, son enemigos difíciles de vencer, pero no hay más remedio o se caerá en la deriva de la falta de crecimiento de los Japón, Portugal, Grecia o la Italia de los últimos diez o quince años.

Álvaro Zaratiegui.
Director ICN-Artea.

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Junio-Julio. 2011. doc (1).doc42 KB