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EDITORIAL

La crisis y los indicadores en turismo. Editorial Noviembre 2009.

A lo largo del mes de octubre se han celebrado diversas jornadas de trabajo o conferencias, a las que nuestra empresa ha asistido. Por una parte en Bruselas, el “Día del Turismo Europeo”, y por otra en San Sebastián, la Primera Conferencia Internacional sobre la Medición y el Análisis Económico del Turismo Regional.

En la primera, la celebrada en Bruselas los días 8 y 9 de octubre, se habló, fundamentalmente, de turismo sostenible, de redes intraeuropeas, (culturales, temáticas, rutas…) redes regionales, y se establecieron indicadores para el desarrollo de los destinos; en ningún momento se habló de la crisis económica. En la segunda, se habló de gobernanza, y fundamentalmente de indicadores, en este caso más económicos. Y tampoco se habló de la crisis económica.

En turismo, es como si ésta, la crisis económica, no existiera, al menos desde el punto de vista intelectual. Se dan cifras, se establecen matrices, fórmulas éticas, pero la crisis económica no aparece, es realmente curioso. Se supone que ha habido un terremoto que se ha llevado por delante centenares de miles de millones en el mundo, (algunas cifras hablan de unas perdidas de treinta billones de dólares, que viene a ser algo así como veinte veces más que el total del PIB español de un año) lo cual ha traído como consecuencia, que para evitar una bancarrota de proporciones bíblicas, la economía mundial haya tenido que endeudarse en billones de dólares. A pesar de lo cual, las preguntas y las respuestas que se elaboran son anteriores a la crisis. Como si ésta fuera a pasar de largo sin consecuencias para el tejido empresarial, y para los propios turistas.

Es asombroso. Será cierto que si se niega la crisis, o no se le presta atención, o si se dulcifican los datos sobre ella, ésta se irá, y de nuevo volverán las golondrinas a anidar. Lo lógico sería pensar que no, que ese tipo de negaciones en unos casos o de invocaciones taumatúrgicas en otros, no van a resolver la crisis. Pero quién sabe, puede que el mercado sea capaz no sólo de hacer “borrón y cuenta nueva” con las pérdidas propiciadas por estos años de caos financieros, de burbujas inmobiliarias, de falta de capacidad de gestión para con la globalización, incapacidad para unir empresas y universidades en la innovación, o de incapacidad para amoldarse a las exigencias que la economía del conocimiento impone para su desarrollo, y que afectan a las empresas, a las administraciones, a los sindicatos…, que de todo esto hay en esta crisis económica, aunque casi todos los análisis se centren únicamente en el mundo financiero e inmobiliario. Lo cual da muestras de lo que todavía nos falta saber para entenderla.

Si así fuera, si pudiéramos hablar de un mercado capaz de hacer frente a esas pérdidas, y a las deudas en las que se han metido los Estados para evitar la debacle, sin que estas últimas supongan una carga excesivamente onerosa, no cabe duda de que podríamos hablar del mercado como un hacedor de milagros. Y de una sociedad con una increíble capacidad para crear riqueza, pero también de una absoluta necedad para aprovecharla convenientemente.

Pero si se impusiera la lógica, (y nos inclinamos a creer que así será) deberíamos pensar que esas pérdidas tan increíbles de la economía mundial, no pueden verse zanjadas solamente con creación de deuda, (seis billones de dólares) pues esta, tarde o temprano, debe ser devuelta. No decimos que no haya sido pertinente esta creación de deuda, pues sin ella, vaya usted a saber cuáles habrían sido las consecuencias. Pero la realidad es que ahora somos treinta billones más pobres que hace poco más de dos años y además estamos endeudados en seis billones de dólares.

Como conclusión, (y si la lógica se impusiera), no sólo estamos lejos de salir de la crisis, y no sólo en España, sino en toda Europa, pues en toda ella somos más pobres. Y lo peor del asunto, no es que se esconda la cabeza debajo del ala, lo peor es que no se está aprendiendo nada de ella. Cuestiones como los indicadores y matrices, las redes, y las formas de gobernanza son elementos de análisis necesarios, pero sería imprescindible incorporar nuevas variables de estudio relacionadas con la crisis y sus consecuencias. Saber qué pasa con las empresas que desaparecen, y las que sobreviven a la crisis en un mismo destino turístico, porqué ocurre esto en tan sólo quince kilómetros a la redonda, qué las hace diferentes; qué pasa con los destinos y productos, porque unos salen mejor parados que otros, qué incidencia tiene la gestión, el tipo de producto, la promoción; qué consecuencias, y no sólo económicas, sino también sicológicas, tiene la crisis en los turistas, porque aunque hagamos todo tipo de ritos taumatúrgicos, la crisis va a cambiar a los turistas, y hay que establecer indicadores que nos permitan saber cuáles son esos cambios, y cómo debe afectar todo eso a la estrategia, al producto, o al marketing turístico

No decimos que estas preguntas deban ser resueltas en tan poco tiempo como el que llevamos de crisis, no pensamos que sea posible. Pero sí, que nunca como en ella, podemos aprender de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que funciona y de lo que no. Cuando hay para todos, resulta más que complicado averiguar lo que funciona o lo que no, todo parece formar parte de un círculo virtuoso, aunque muy bien sepamos que no es así.

La crisis, pues, debería ser esperada por los científicos del turismo como agua de mayo, y su análisis debería ser la tarea primera. La crisis para el científico, debería ser como los cadáveres de hombres y mujeres recién muertos para los antiguos estudiosos del cuerpo humano, que corrían a abrirlos para estudiar el organismo y su funcionamiento. Los científicos del turismo parece como si tuvieran miedo a mancharse las manos de sangre.

La próxima editorial versará sobre las nuevas formas de gobernanza en turismo: Los destinos interfronterizos, los territorios, y las ciudades.

Álvaro Zaratiegui. Director de ICN-Artea.