LA BARRERA DEL IDIOMA

Una de las cuestiones que más "imponen"a la hora de lanzarse a la internacionalización de las empresas es desde luego,  la cuestión del idioma. Los déficits que nuestro país arrastra aún en materia de idiomas, son conocidos por todos, y aunque las generaciones más jóvenes van "neutralizando" el problema (benditos Erasmus), lo cierto es que una cosa es charlar en inglés y otra hablar de negocios, hacer una presentación técnica o negociar un contrato.

Está demostrado que trás una reunión, cada persona ha percibido mensajes y matices diferentes, si la reunión ha sido en otro idioma, la sombra de ¿realmente  habrá entendido lo que quería decir ...? se acentúa notablemente. Cuando la conversación es por teléfono, y no puedes ver los gestos o la mirada de tu interlocutor, la sombra se multiplica , para qué negarlo.

Afortunadamente, el inglés que hablan nuestros interlocutores europeos (no ingleses), se parece bastante al nuestro, en pronunciación y volumen de vocabulario,  si bien suelen contar con un nivel alto que obliga a estar atento y a refrescar el idioma estudiando y repasando.

En función de la complejidad de la reunión o del tema a negociar, puede ser imprescindible contar con un intérprete... aunque esto también tiene sus dificultades; aparte de alargar las conversaciones tediosamente, genera cierta distancia con el otro, y condiciona en buena medida la relación. En este sentido, contar con un intérprete que se identifique con el proyecto y la empresa, ayuda a enfocar la conversación adecuadamente, evitando conflictos con la cultura local y favoreciendo un clima de confianza.

En cualquier caso, no hay que cortarse. Se piden las aclaraciones que hagan falta las veces que haga falta, se intentan buscar socios locales que hablen castellano (ideal), y desde luego, se retoma, o toma, el estudio del idioma (importante enfocarlo a los negocios), como una exigencia de supervivencia profesional.