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EL CANTANTE
El sábado tuve la oportunidad de asistir a un concierto de mi idolatrado Andrés Calamaro, de la experiencia "total" del acontecimiento, surgen algunas impresiones extrapolables al mundo del negocio, del marketing, de las relaciones... Vale, es una vil excusa para hablaros de él, pero es que ya toca. Varias palabras definirían el concierto, marca, equipo, generosidad, liderazgo, profesionalidad, público claramente segmentado y fiel... A estas alturas que Calamaro es una "marca", implantada en España y Argentina ( y muchos otros países de América Latina), es un hecho, aunque llamarle marca, seguramente no es la mejor etiqueta que define a un mito del rock and roll tan singular como él. En cualquier caso es un icono asociado a las emociones y vivencias de un amplio público entre los 20 y los 50 que lo conoció en Los Rodríguez y no le perdió nunca la pista. Un icono que ha sido capaz de superar la imagen de "maldito" , que le acompañó durante una etapa negra, de la que la "marca Calamaro" resurgió reforzada para siempre. El producto que hay detrás de la marca, son más de veinte años de música unidos a temas emblemáticos para varias generaciones. Himnos a la libertad, el desamor, la amistad, las mujeres, la soledad... aparentemente, nada nuevo bajo el sol, pero radicalmente distinto en el filtro de sus letras, su música y su voz. El concierto fue un ejemplo también de la importancia de contar con un equipo solvente, para que el líder pueda ofrecer un producto óptimo. Andrés sonó impresionantemente bien, gracias a la compenetración con una banda , a la que supo sacar lo mejor. Además de la banda, el argentino contó con "colaboradores externos"que sumaron emoción y calidad al producto: niño Josele y Jaime Urrutia. Generosidad sería otra de las palabras de la noche, dado que fueron más de dos horas de concierto y más de una veintena de temas, que dejaron satisfechos hasta a los más insaciables clientes calamaristas.Nada de racanear temas y hacerse rogar para los bises... Quizá la palabra que resumiera la noche, sería profesionalidad, la muestra de un "saber hacer" acumulado durante años, trabajo, ensayos, un claro sentido de la responsabilidad ante un público que ha pagado una entrada. Para aligerar el peso de las babas, diré que nadie es perfecto, y que el concierto tuvo un pero, importante, un retraso en su comienzo de más de una hora...Obviamente por todo lo expuesto anteriormente y por la devoción que le profesamos, los cuatro mil presentes se lo perdonamos. En el apartado de intangibles remarcar también por qué no, todo lo que arropa la marca: pelín de chulería, traje negro impecable, gafas de sol permanentes en la noche, bromas las justas, concesiones las mínimas... un divo, sin divismo.
Por Ana el 2008-06-15 15:22 | Experiencias | bitácora de Ana | Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios
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